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LA UNIÓN FAMILIAR

LA RELACION FAMILIAR, UNIÓN, AMOR, ENTENDIMIENTO, VALORES, TOLERANCIA, LOS ERRORES, LOS TROPIEZOS, COMPRENSION

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Por qué no hay unión familiar. 1 respuesta

Iniciada por Manuel Angel Espinel Rangel. Última respuesta de Mercedes Cano Henao Jun 22, 2009.

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Comentario de Mercedes Cano Henao el junio 9, 2009 a las 12:27pm
Hola Janet he visto varios de tus escritos y me llaman la atenciòn , por ahi vi uno de santa Teresita , ella es la patrona del colegio donde estudie y por eso es bien importante para mi. el tama de la familia me interesa mucho un abrazo
Comentario de JANET CASTILLO el mayo 6, 2009 a las 6:48pm


Es de todos conocidos el interés que la familia suscita a nivel personal. Sin embargo, cuando pensamos en ella como una institución, las cosas cambian. Ya no hay tanta unanimidad, se revisa su papel, y hay que buscar argumentos que demuestren se trata de una organización insustituible. Sin embargo es fácil encontrar razones para afirmar que para construir el futuro de un país es imprescindible contar con ella.

La familia tiene dos dimensiones: la privada y la pública, y ambas determinan la configuración y el desarrollo de la sociedad. Realiza funciones fundamentales para el equilibrio social, que justifican la necesidad de apoyarla.

En primer lugar la reproductora. Para un crecimiento económico sostenido es esencial el capital humano y su origen, al menos hoy por hoy, tiene lugar en la familia. Desempeña también una función educativa y de transmisión y priorización de valores, siendo el mejor antídoto contra la desorganización social. Si faltan normas y límites durante la infancia se crea un vacío moral que repercutirá en el individuo y en la sociedad. En tercera instancia lleva a cabo la socialización, que también se produce a través de los medios de comunicación, escuelas, etcétera, aunque cada estamento lo hace de manera diferente. Todos actúan como piezas de un puzzle en el que cada uno es imprescindible para construir bien la figura, pero si la familia falta el resultado final no será correcto. Por último sirve de enlace entre generaciones, lo que facilita la transmisión de la cultura y la permite actuar como una red de protección y solidaridad.

Todas estas funciones convierten a la familia en una institución de un valor incalculable que la hace merecedora de un mayor reconocimiento social, así como de más atención por parte de los poderes públicos. En ella los niños comienzan a formar su personalidad, interiorizan valores morales y cívicos, y aprenden actitudes y reacciones emocionales que les acompañarán durante toda su vida. Las familias siempre educan, no pueden no hacerlo, pero necesitan ayuda para desarrollar su papel de la manera mas eficaz posible.

Entender que la familia actúa como red de solidaridad intergeneracional, transmisora de cultura y tradiciones, es determinante para justificar su apoyo, puesto que la solidaridad es un principio básico de un Estado social de derecho, y debería ser un objetivo prioritario para los gobiernos.

Del desempeño de estas funciones se derivan también consecuencias económicas y políticas. Los agentes que participan en la actividad económica de un país son los hogares, las empresas y el sector público y no actúan de manera aislada, sus decisiones están fuertemente interrelacionadas.

El sector público, no puede ser indiferente a las decisiones que toman las familias ni a las nuevas necesidades a las que se enfrentan. Las empresas tampoco pueden ser ajenas a ellas, ya que se benefician, en términos económicos, de familias estables y fuertes porque todos los estudios demuestran que ellas generan trabajadores más productivos. Existen además otros ámbitos en los que las interdependencias son especialmente significativas, demostrando la necesidad de la familia para el crecimiento de un país.

En primer lugar la familia como agente inversor. El desarrollo de una economía depende, principalmente, de la capacidad de inversión en capital humano y de su formación -no sólo académica- y la parte más importante se produce en las familias. Los valores que humanizan al hombre y a la sociedad se viven y se comienzan a aprender esencialmente en ella. Por tanto, una economía que quiera crecer con estabilidad no debe preocuparse sólo de tener buenas escuelas, sino también debe ocuparse de formar personas que crezcan en ambientes familiares equilibrados y estables.

La familia es también una unidad de ahorro y consumo. Sus actuaciones permiten reducir los costes que supone para la sociedad la labor de formación. Es además unidad de consumo e inversión que actúa de manera muy diferente a la de otros agentes económicos, y especialmente, a las de los individuos que viven solos.

Y en tercer lugar la familia lleva a cabo una clara función redistributiva de la renta. Cuando se tienen hijos se incurre en unos costes adicionales que provienen de su educación y formación, y de cuyos resultados y logros nos beneficiamos todos, especialmente los mayores, y no únicamente aquellos que han tenido hijos. Esto significa que llevan a cabo una redistribución de renta entre personas, entre generaciones e incluso entre territorios (remesas de emigrantes).

En definitiva la familia actúa como una red de protección primaria que alcanza a muchas personas y que si se rompe hará inviable la estabilidad social.

A estas razones sociales y económicas que explican la necesidad de ayudarla hay que añadir otra, y es la obligación de los poderes públicos de proteger los derechos básicos de todos sus miembros.

Aunque se ha avanzado en la no discriminación y en la igualdad de trato entre hombres y mujeres, aún queda mucho por hacer. A la vez están apareciendo nuevas formas de desigualdad. No es lo mismo ser mujer con responsabilidades familiares que no tenerlas; no es lo mismo compartirlas que no compartirlas; como tampoco es lo mismo trabajar fuera y dentro del hogar que hacerlo sólo dentro. Estas nuevas discriminaciones deberían preocuparnos.

La necesidad de arbitrar políticas públicas de familia no está en circunstancias coyunturales, puesto que existen argumentos más sólidos y duraderos. Es necesario reflexionar en torno a ellos y trabajar en la elaboración de nuevas propuestas, acordes con la realidad de las situaciones a las que se enfrentan. Las mejores políticas de familia no son exclusivamente de tipo económico. Para tratar de mejorar su calidad de vida es preciso tener en cuenta, además de su nivel de renta, otros factores y su puesta en marcha exige mucha imaginación y mucha voluntad política. Estableciendo una normativa a su favor, se trabaja por la igualdad de trato entre todos sus miembros y se defienden sus derechos: el de la mujer a entrar y permanecer en el mercado de trabajo, el de los hijos a ser cuidados por sus padres, el de éstos a educar a sus hijos, etcétera.

Dejando aparte convicciones religiosas o morales, el valor social y económico de la familia resulta incuestionable, y por ello es necesario reclamar a los políticos actuaciones que la reconozcan como un elemento imprescindible para la permanencia y solidez de la sociedad y la conviertan en el centro de sus decisiones.
Comentario de JANET CASTILLO el mayo 4, 2009 a las 10:16am


Para lograr que la familia este unida es necesario que en las conversaciones sinceras de corazón a corazón, si aprenden a usar las cuatro frases siguientes, podrán alcanzar un mejoramiento en su relación. He aquí las cuatro frases:

Te quiero (o te amo), y...
Te aprecio, y...
Estoy de acuerdo contigo, y...
Respeto tu punto de vista, y...

Lo primero que están haciendo, al usar estas cuatro frases, es consolidar el amor, el aprecio, el respeto y el acuerdo entre ambos. Cada uno está validando el punto de vista de su cónyuge. Están construyendo el vínculo y reconociendo la comunicación, en vez de hacer caso omiso al otro y de denigrar lo que él/ella tiene que decir. Además, crean un vínculo mediante el cual ambos pueden aceptar las situaciones y reconocer que pueden tener puntos de vista diferentes. Estas cuatro frases le ayudarán a evitar conflictos innecesarios, a comunicarse con claridad y a disfrutar de una intimidad creciente.
Comentario de JANET CASTILLO el mayo 4, 2009 a las 10:14am


“Te quiero, pero...”

as palabras tienen un alcance inimaginable. Al igual de la gran capacidad para transmitir amor, las palabras pueden llegar a hacer mucho daño, aún cuando esa no es la intención.

Cuando uno le dice al ser amado: “Te quiero, pero...”, estamos poniendo una limitación, ya que sus palabras implican: “No te querré a menos que te dispongas a hacer lo que yo digo”.

Es diferente si decimos: “Te quiero, y preferiría que...”, de esta manera comunicamos un amor incondicional, además de la petición de que la otra persona reconozca nuestras necesidades y preferencias.

La palabrita “pero”

Usada de forma automática, en especial en el matrimonio, este “pero” puede ser encubiertamente destructivo. Al usar la fórmula: “Te quiero, pero...”, se está invalidando su amor. De modo similar, al decir a nuestra pareja: “Es verdad, pero...” lo que esto implica, es que la vivencia o los sentimientos de la otra persona no son válidos o no vienen al caso. La palabra “pero” ha negado todo lo que nuestro cónyuge podría haber dicho.

Piense cómo se siente si su cónyuge le dice “estoy de acuerdo contigo, pero” o “te quiero, pero”. Con sólo sustituir la palabra por “y” se crea una experiencia comunicativa totalmente diferente. Por ejemplo, si uno dice: “Es verdad, y déjame compartir contigo mi vivencia de lo que sucedió”, o “Es muy válido lo que me dices, y fíjate ahora cómo viví yo la misma situación”. La palabra “pero” crea desacuerdo y resistencia, la palabra “y” introduce el acuerdo y aporta intimidad a la comunicación.

También influye el cómo se dice

No se trata sólo de lo que uno dice, sino de cómo lo dice. Se le pueden poner límites al esposo(a) cuando mantiene una actitud de amor y de sensibilidad ante sus necesidades. Pero cuando se toma una actitud defensiva o se hacen las veces de juez, no hay diálogo posible, ni sirve de nada decir “y” en vez de “pero” para llegar a una solución satisfactoria para ambos esposos.

Dicho de otra manera, nada de lo que aquí se recomienda es simple cuestión de forma: ¡Hay que tomarse bien a pecho la diferencia fundamental que existe entre decirle al cónyuge: “Te quiero, y...” o “Te quiero, pero...”!

“Pero te quiero”

Así como los efectos de “te quiero, pero” son negativos, lo mismo sucede con “pero te quiero”. Esta protesta, que tan comúnmente se oye, está señalando que aunque pueda sentir mucho amor no lo está expresando con vehemencia, y por lo tanto, la pareja no se lo creerá.

Casi todos tendemos a amar a nuestra pareja de la manera que deseamos que nos amen. Una clave para que la unión dure toda la vida es dejar de insistir con aquello de “pero yo te quiero” y tratar de descubrir cómo nuestro cónyuge recibe la expresión de ese amor.

Las acciones también cuentan

Para muchos, no son sólo las palabras “te quiero” o “te amo”, sino determinadas acciones las que expresan el amor. Por ejemplo, puede suceder que cuando un hombre dice a su esposa: “Te quiero, tesoro”, ella le responda:

No es verdad. Si me quisieras, todavía me mirarías y me acariciarías con amor, como cuando empezábamos a salir juntos. Ya no me sorprendes con pequeñas atenciones, ni me invitas a un romántico viaje juntos.

Y si él se siente herido y responde diciendo “pero si yo te quiero”, es que no ha entendido el mensaje. En su preocupación por el trabajo u otra actividad, se ha olvidado de acariciar a su mujer de la especial manera que hace que ella se sienta amada. En vez de protestar, ese hombre haría mucho mejor si cada dos o tres meses organizara un día especial de amor para su mujer. En él podría incluir las flores favoritas de ella, una cena romántica, un fin de semana en un hotel donde les sirvan el desayuno en la cama, una sesión de masaje... y volver a mirarla a los ojos de aquella manera tan especial. Eso es lo que la esposa necesita para recuperar la vivencia del amor de él, y lo que él necesita para que sus palabras sean creíbles.
Comentario de JANET CASTILLO el mayo 4, 2009 a las 10:10am


No es un misterio que la familia como sistema y realidad, en nuestra sociedad actual, hace un serio empeño para sobrevivir. Leyes de divorcio y propuestas de control de natalidad sin el consentimiento de los padres, intervienen en la educación que las familias eventualmente eligen para sus hijos. Sin duda, es necesaria una revitalización de la institución de la familia desde sus bases y para eso hay que reflexionarla, fortalecerla e incluirla en la cultura y la educación como una realidad ineludible. Conocidas son las encuestas donde se indican que la familia es la institución más estimada en nuestro país (Encuesta LyD, Mayo 2007) sin embargo, a la hora de preguntar por el matrimonio, los hijos, la fidelidad y la defensa de la vida, la opinión pública las rehuye como antecedentes fundamentalistas de un catolicismo de antaño y a ultranza. Ahora no se usa eso, eso era antes, indican seguros los jóvenes, eximiendo de toda exigencia moral su libertad, reduciéndola a pura elección de alternativas sin compromiso, echando al cajón del olvido la fidelidad que perfecciona el amor y la defensa de la vida que está inscrita como ley natural en los corazones de los hombres.
De igual manera, el concepto de persona humana deber ser reflexionado por la filosofía, pues es a nuestro juicio, es tarea de la filosofía en nuestras sociedades actuales, poder hacer un diagnóstico social, antropológico y espiritual de la persona humana, y advertirnos de los peligros de la despersonalización y de la ideología del relativismo, que amenaza con un rechinar constante y ensordecedor de depende todo depende.
Es necesario sentar los principios para una Filosofía de la familia. Una parte de la filosofía de la persona que se empeñe en reflexionar filosóficamente, sobre la familia como sistema, como institución, como estructura intermedia y como fuente dispensadora de sentido para la existencia humana; de manera tal de realizar una reflexión desde su naturaleza, sus principios y su esencia, en constante diálogo con la filosofía política. Así, finalmente trabajar en la familia como un digno objeto de estudio académico, filosófico, político y cultural.

Este serio empeño por revitalizar la realidad de la persona humana, el amor honesto, el matrimonio y la familia, deben ser resultados de la investigación de la filosofía de la familia, fortaleciendo a través de esta, la visión trascendente del hombre y el orden moral universal. El fortalecimiento de estos, deben establecer con la filosofía de la familia, una renovación del pensamiento en el campo de las ideas y de las reflexiones filosóficas, de manera tal que los pensadores e investigadores, puedan reflexionar e instalar en la opinión pública, una denuncia acerca de la ideología del relativismo y las características en la estructura social en las cual debe sobrevivir el sistema de la familia. Con esto podremos lograr influir en el pensamiento, la acción, la educación, las políticas y las leyes de las naciones, para que las autoridades, legislen con orientación a políticas públicas de fortalecimiento de la realidad familiar, defensa de la vida humana y que las escuelas de educación en las universidades, eduquen a los futuros formadores, recordando el gravísimo derecho-deber que estas tienen, formando una alianza de sinergia entre familia y escuela, para una filosofía de la educación, basada en los principios de una filosofía de la familia, de una formación perenne.

Dice un dicho político: “divide para gobernar” y eso es lo que hemos visto en los últimos años: políticas públicas y legislaciones en torno a darle derechos individuales a las personas, en lugar de fortalecer el grupo familiar; vieja estrategia para lograr que se peleen todos contra todos, alegando cada uno por sus derechos.

La familia es el útero social de las personas y es allí donde aprenden a ser verdaderas personas.
Comentario de JANET CASTILLO el mayo 4, 2009 a las 9:54am

Comentario de JANET CASTILLO el mayo 4, 2009 a las 9:53am


En la vida hay momentos en los que, al voltear la mirada, te encuentras de frente con una realidad que no te abandona: tu familia.
Al momento de nacer, tenemos la dicha (la mayoría de las veces) de hacerlo dentro de un núcleo formado por el amor y el respeto que los padres edificaron, es decir, en un lugar seguro dónde crecer mientras vamos adquiriendo una personalidad, criterio y madurez para enfrentar al mundo.
Es ahí donde a través de la convivencia diaria, la formación y práctica de valores, así como del intercambio de experiencias con nuestros padres y hermanos (as) así como con nuestros abuelos, tíos y primos, donde se desarrolla y fomenta la unión familiar, que no es fácil de construir ni mantener porque requiere disposición, esfuerzo y paciencia diaria que no todos estamos dispuestos a ofrecer.
Por otro lado, analizando un poco más, podemos ver que la tolerancia, el respeto y los valores, aunados a lo anterior, representan los clavos fundamentales para lograr la cohesión entre personas con distintas capacidades, cualidades y formas de pensamiento, pero el amor, que se traduce en el querer y aceptar a los miembros de la familia como son, con sus defectos y virtudes, es en realidad la base sobre la cual se edifica todo, un compromiso de vida.
Así, mientras vas creciendo, aprendiendo y fortaleciendo estos lazos, -comparable al hecho de regar, abonar y cuidar una rosa-, pierdes miedos absurdos que no te dejan avanzar para conseguir tus metas, te sientes respaldado y apoyado a cada paso que das. Los problemas, las tristezas, los errores, los tropiezos, siguen estando ahí, como las piedras necesarias para poder avanzar y evolucionar, pero sabes que sea cuál sea el obstáculo, tu familia siempre te apoyará y te ayudará a encontrar una nueva visión para solucionarlo.
Fomentar, cuidar y cultivar los lazos familiares no es una tarea fácil ante la realidad que nos domina; los medios de comunicación en sus distintas formas suelen confundirnos ante la libertad y el libertinaje, ante ideales fugaces y duraderos, y no todos podemos comprender la importancia de respetar y tolerar a los miembros de la familia, pero creo que si realmente reflexionamos en ello, podemos hacer que las generaciones venideras, sigan creyendo, fomentando y viviendo la importancia de pertenecer a una familia unida.
Alzé la mirada y ahí estaban sin dudar, sin hablar, esperando mi voz de pie junto a mí.
 

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